martes, 18 de noviembre de 2008


Los Reales Alcázares son un conjunto monumental cuyos orígenes se remontan a la Alta Edad Media. Constituyen el más importante edificio civil de Sevilla. Reales Alcazares

Las murallas que lo rodean y que podemos admirar desde la Plaza del Triunfo, datan de los primeros años del siglo X.

El Patio del Yeso pertenece al período almohade que se extiende entre los años 1.147- 1.237. La ornamentación que presenta serviría de inspiración a la posterior arquitectura nazarí.

Son desde luego las construcciones cristianas las que han dado la configuración actual al conjunto.

El Palacio Gótico construido durante el reinado de Alfonso X, aparece hoy modificado por las actuaciones que se realizaron en el siglo XVI, y a raíz del terremoto de Lisboa en 1.755. Destacan en sus dependencias los zócalos de azulejos obra de Cristóbal Augusta entre 1.577 y 1.583, del siglo XVIII, representando la toma de Túnez y la reproducción de la Virgen de la Antigua.

La Sala de la Justicia construída durante el reinado de Alfonso XI a mediados del siglo XIV. Es el primer ejemplo del estilo mudéjar, perfecta conjunción entre los islámico y lo cristiano. Reales Alcazares

Pero es desde luego el Palacio del Rey Don Pedro el hito más importante del mudejarismo civil. Su construcción se inició en 1.364 y en ella participaron artesanos no sólo sevillanos, sino venidos de Toledo y Granada. Este palacio tenía sólo una planta baja, contando sólo con dos estancias en su parte superior. La utilización como residencia real ha dado lugar a diversas restauraciones y ampliaciones en la planta alta. El salón de Embajadores es la pieza principal del Palacio. Destacan en el mismo las puertas, obra original de 1.366, la cúpula, obra posterior de 1.427 y la riquísima decoración de yeserías y alicatados de sus muros.

De la primera mitad del siglo XVI es la Virgen de los Mareantes, obra de Alejo Fernández, ubicada en una de las dependencias del Cuarto del Almirante, zona donde tuvo su primera sede la Casa de la Contratación, tras su creación en 1.503.

Una mención especial en el conjunto de los Reales Alcázares merecen los jardines, donde destacamos el Jardín del Estanque centrado por una bellísima fuente de bronce rematada por la escultura representando al Dios Mercurio, obra de Diego de Pesquera, realizada en 1.576.

La Galería del Grutesco, obra del arquitecto milanés Vermondo Resta, realizada entre 1.612 y 1.621, y el jardín del cenador donde se ubica un bello pabellón cúbico realizado en tiempos del Emperador Carlos I, entre 1.543 y 1.546.

La salida del Alcázar se realiza por el Apeadero, amplio zaguán que conduce al Patio de Banderas. Este espacio y la portada de la puerta de salida fueron remodelados por el arquitecto Vermondo Resta, ya mencionado.Sobre el Apeadero existe una sala que sirvió como Armería Real durante Felipe V, donde frecuentemente se realizan interesantes exposiciones

Monasterio de la Cartuja, Santa María de las Cuevas.


Monasterio de la Cartuja, Santa María de las Cuevas. Los orígenes de la Cartuja de Santa María de las Cuevas se remontan a finales del siglo XV, cuando la orden de San Bruno se estableció en el monasterio.ƒste es uno de los recintos más estrechamente unidos al Descubrimiento de América, habiendo servido de depósito de bienes para la familia Colón e incluso como segundo enterramiento para los restos del Almirante. El conjunto fue saqueado durante la invasión francesa y los monjes cartujos expulsados definitivamente tras la exclaustración de 1835. Poco más tarde, el monasterio fue adquirido por Guillermo Pickman, que estableció la famosa fábrica de loza decorada por estampación. Precisamente, de esta época son los hornos de botella que confieren originalidad al conjunto monumental. A través de las sucesivas etapas de la Cartuja pueden admirarse excelentes obras mudéjares, como el claustro, góticas, como la iglesia y primitiva sala capitular, así como una rica colección de cerámicas.
El monasterio fué fundado en el año 1400 por el entonces arzobispo de Sevilla, don Gonzalo de Mena. El escudo heráldico de tan poderoso personaje preside las enbtradas y estancias principales. Al empeño de éste se sumó, pocos años mas tarde, el de don Perafán de Ribera, que patrocinó la primitiva iglesia. La familia de los Ribera, que por estos tiempos construía la residencia nobiliaria mas suntuosa de Sevilla -actual Casa de Pilatos-, dió un impulso primordial a las artes sevillanas, convirtiéndose en poco tiempo en su principal bienechora. La Cartuja vivió una brillante historia hasta comienzos del siglo XIX, fecha en que el ejército intruso francés estableciera aquí su cuartel general, utilizando la iglesia como cuadra y saqueando de paso todos sus bienes. Poco mas tarde, en 1835, la exclaustración general acabó con cinco siglos de vida en comunidad. En 1838 este extraordinario monumento pasó a manos de Guillermo Pickman, oportunista inglés que no tuvo ningún reparo en destrozar buena parte del recinto para establecer su famosa fábrica de loza, cuyas piezas de dudoso gusto adornan hoy las alacenas de medio mundo. Sólo la Exposición Universal de 1992 fué capaz de recuperar para Sevilla un monumento de tan extraordinaria riqueza histórica y artística como la Cartuja, si bien ya su patrimonio se encontraba irremediablemente mermado. Así en este año del Quinto Centenario del viaje de Colón la Cartuja el recinto recuperó parte de su esplendor -sobre todo arquitectónico- y se convirtió en emblema de la muestra y centro de recepción de mandatarios y monarcas de todo el mundo. A este respecto cabe decir que durante siglos pasados también recibió a visitantes ilustres, pues los Cartujos fueron una orden poderosa y siempre cercana a la corona. De entre los muchos personajes célebres que pasaron por aquí en tiempos pasados merece especial mención el marino italiano Cristóbal Colón, amigo íntimo de Fray Gaspar Gomicio, con quien preparó su segundo viaje al Nuevo Mundo. Años mas tarde el navegante sería enterrado aquí, en la primera capilla de la nave de la Epístola de la Iglesia, llamada de Santa Ana y luego del Santo Cristo, por guardarse aquí la talla de Crucificado que realizara Martínez Montañés por encargo del arcediano Vázquez de Leca, hoy en la Sacristía de los Cálices de la Catedral. La organización de las cartujas implicaba una celda del prior, iglesia y estancias de uso común, tales como refectorio y sala capitular. Pese a que la doctrina cartuja predica la austeridad en sus cenobios, éste conto desde sus inicios con una suntuosa decoración hoy desaparecida gracias a los sucesos decimonónicos. El recinto presenta varias fases constructivas debidas en parte a la cercanía que guarda con el río, cuyas avenidas han dañado el monasterio en sucesivas ocasiones. Es por ello que hoy podemos apreciar restos mudéjares, como el claustrillo, góticos, como la iglesia y la sala capitular, renacentistas en la zona de la celda del prior y en varias obras de escultura y barrocas por todo el recinto. También se conserva una notable colección piezas cerámicas. La iglesia, cuya construcción anda pareja a la de la Catedral, presenta fachada de esquema abocinado gótico con decoración mudéjar y plateresca, rematada con pretil de hermosos azulejos. El interior es de una sola nave cubierta con bóveda de crucería, destacando la zona del presbiterio, donde la bóveda se vuelve de tipo abanico. La poca decoración interior que se conserva responde a una reforma realizada en 1614. Desde la nave de la epístola se accede al claustrillo, espacio ordenador de varias estancias de entre las que destaca el refectorio, con magnífica techumbre mudéjar de lacerías y piñas y púlpito gótico, desde el que se ilustraban los monjes durante los ágapes. En el lado opuesto del claustro se abre la Capilla de la Magdalena, primer templo del monasterio donde aún se conservan restos de frescos y azulejería renacentista. A continuación se accede a la sala capitular donde destaca la bóveda con numerosas esculturas decorativas góticas, aquí encontramos algunas tumbas de la familia Ribera que se analizarán mas adelante. A mediados del siglo XVIII, el por entonces Maestro Mayor de la Cartuja, Ambrosio de Figueroa, realiza numerosas reformas de entre las que destaca el muro defensivo circundante del recinto, la portada monumental de ingreso, la Capilla Pública y la portada del frente este. La Capilla Pública conserva parte de la sillería del coro, obra de gran calidad que se encuentra dispersa entre la Cartuja y la Catedral de Cádiz y que se debe al genio de Agustín de Perea, quien la realizara en 1697. Desperdigadas por distintas estancias del recinto se encuentran las esculturas que Isidro de Villoldo realizó en el siglo XVI para el altar mayor de la iglesia. La portada que da al río presenta en el remate pináculos vidriados y decorados con azulejos reaprovechados del siglo XVII y otros contemporáneos a la construcción en los que se puede ver la fecha de 1759. En ella se alojó Colón en varias ocasiones por la amistad que le unía a Fray Gaspar Gomicio Y en ella sería sepultado provisionalmente. SEPULCRO DE PEDRO ENRIQUEZ DE RIBERA.
Sepulcro que sigue los esquemas del estilo plateresco. Presenta un gran arcosolio con variada decoración. El yacente está ataviado con traje de milicia y rostro nada idealizado. La urna donde reposa viene a tener sirenas aladas que portan las almas de los escogidos en el Paraíso. También hay que destacar a los ángeles que portan antorchas invertidas tras acabarse la existencia y simbolizan a Thanatos e Hipnos, dioses gemelos. Por último reseñar el relieve del Calvario, la Resurrección o el Noli me Tangere. El sepulcro es obra de Antonio María Aprile Carona, data de 1525 y constituye una de las piezas más relevantes dentro del arte funerario del Renacimiento. SEPULCRO DE CATALINA DE RIBERA Obra de Pacce Gazzini.
Data de 1521. Muy semejante al sepulcro de su cónyuge. La difunta viste traje de viuda y lleva en sus manos un libro desconocido. La urna funeraria también contiene sirenas aladas, guirnaldas de frutas y otras alegorías que simbolizan la inmortalidad.

Hospital de la Caridad

La Hermandad de la Santa Caridad que existe en Sevilla desde mediados del siglo XVI, ya tenía sus cultos en 1.588 en el lugar que hoy ocupa la Iglesia de San Jorge, enclavada en las Atarazanas Reales. Tenía entre sus misiones enterrar a los ajusticiados, y a los ahogados en el río o abandonados cuyo cuerpo nadie reclamaba.

A partir de 1.644, por ruina de la antigua capilla, se decide la construcción de una nueva Iglesia según planos de Pedro Sánchez Falconete. Por falta de medios, las obras se realizaron muy lentamente.

La elección de Miguel Mañara como Hermano Mayor sirvió no sólo para agilizar las obras del templo, sino para la vida de la Hermandad, que amplía sus obras de caridad. En esta fecha se funda una hospedería de pobres transeúntes y enfermerías para los que no eran admitidos en los demás hospitales de la Ciudad, que aún hoy está en uso como residencia de ancianos desvalidos. foto

Los planos de la Iglesia fueron reformados por iniciativa de Mañara y la fachada fue rematada por Leonardo de Figueroa, la decoración interior de la Iglesia fue realizada por artistas tan prestigiosos como Bernardo Simón Pineda, Pedro Roldán, Valdés Leal y Murillo, que plasmaron en sus pinturas, esculturas y retablos la inspiración de Miguel Mañara.

La fachada de la Iglesia está decorada con azulejos que representan a San Jorge, Santiago, La Fe, La Esperanza y La Caridad.

La Iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y pequeña cúpula en el espacio anterior al presbiterio.

Entre las numerosas obras de Valdés Leal destacan sus dos obras maestras, que contienen una profunda meditación sobre la Muerte y los acontecimientos espirituales que la suceden: Juicio, Infierno y Gloria. Estas obras daban paso a un conjunto de cuatro pinturas de Murillo conteniendo alegorías sobre las obras de misericordia, que fueron robadas por el Mariscal Soult en 1.810, encontrándose en la actualidad en diversos museos extranjeros.

El ciclo de las obras de misericordia de Murillo se continúa con las dos pinturas situadas en lo alto del muro del antepresbiterio, que representan a Moisés haciendo brotar agua de la Roca y la Multiplicación de los panes y los peces. La última obra de misericordia: Enterrar a los muertos, aparece plasmada en el retablo mayor, cuya arquitectura se debe a Bernardo Simón de Pineda y la escultura es obra de Pedro Roldán. Pertenecen también a este mismo escultor el Cristo de la Caridad y la escultura que remata el púlpito de hierro, destacable por su bello diseño.

Otras obras de Murillo en la Iglesia son: San Juan de Dios transportando un enfermo, La Anunciación, Santa Isabel de Hungría, El Niño Jesús y San Juan Bautista Niño.

Una mención especial merecen los patios decorados con paneles de azulejos del siglo XVII, que representan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.

Hospital de Los Venerables

El Hospital de los Venerables Sacerdotes fue fundado por Justino de Neve en 1.675.

El edificio consta de dos plantas y está integrado por el templo y lo que fuera residencia. Perdió esa función hace sólo unos treinta años. Hospital Venerables Desde 1.991 los Venerables, como popularmente se conoce, es sede de la Fundación FOCUS (Fondo de Cultura de Sevilla).

El edificio es uno de los más importantes del barroco sevillano, siendo obra de Leonardo de Figueroa. Es muy original su patio, con galerías de arcadas aun nivel más alto. A la fuente central se desciende por gradas circulares decoradas con azulejos.

Es muy interesante la escalera cubierta por una bóveda elíptica decorada con yeserías barrocas.

La Iglesia, de una sola nave, está cubierta por bóveda de medio cañón con lunetas y arcos fajones.

Las pinturas al fresco de la bóveda del presbiterio son obra de Valdés Leal y representan la invención de la Santa Cruz; así como las del techo de la Sacristía que crean en un pequeño espacio una grandiosa perspectiva ilusionista. Las de la nave son de su hijo Lucas Valdés y figuran el triunfo del Pontificado, simulando tapices.

En el retablo mayor destaca la Apoteosis de San Fernando, obra de Lucas Valdés, y a ambos lados San Clemente y San Isidoro, obras de Virgilio Maltoni.

Los relieves de San Juan Bautista y San Juan Evangelista son obras de la primera mitad del siglo XVII atribuibles a Martínez Montañés.

Al lado derecho del Presbiterio se encuentra la pintura de San Fernando entregando la mezquita al Arzobispo y al izquierdo San Fernando ante la Virgen de la Antigua, obra conjunta de Valdés Leal y su hijo.

Entre las obras de arte que se conservan en la nave del templo destacan el lienzo central del retablo de San Jerónimo, que aunque erróneamente atribuído a Herrera el Viejo es obra de buena calidad de mediados del XVII. Las esculturas de San Fernando y San Pedro son obra de Pedro Roldán, y la escultura de San Esteban, situada en el retablo de la concepción; obra anónima del siglo XVII atribuída a Martínez Montañés.

Para los Venerables pintó Murillo la más famosa de sus Inmaculadas; hoy en el Museo del Prado.

Convento de Santa Paula

La fundación de este convento de religiosas jerónimas se realizó en el año 1.475.

Las obras de la Iglesia se realizaron entre 1.483 y 1.489. La portada de la misma, fechada en 1.503, constituye un magnífico ejemplo del estilo llamado Reyes Católicos, que se desarrolló en España en el último cuarto del siglo XV, en la que se unen estructuras góticas, técnica constructiva mudéjar y decoración renacentista.

En esta fachada colaboraron el escultor Pedro Millán y el ceramista Niculoso Pissano.

La Iglesia presenta una sola nave cubierta por un artesonado obra de Diego López de Arenas de 1.623. Convento Santa Paula

El presbiterio ligeramente más elevado, se cubre con bóvedas de nervaduras.

El retablo mayor es obra barroca de 1.730 realizada por José Fernando de Medinilla. La imagen de Santa Paula se atribuye a Andrés de Ocampo de finales del siglo XVI y podría proceder del antiguo retablo.

En el muro de la izquierda figura el enterramiento de Isabel Enríquez bajo cuyo patrocinio fue construida la Iglesia y en el de la derecha su marido D. Juan Condestable de Portugal y marqués de Montemayor, las figuras yacentes son obra de principio del siglo XVI.

En los muros laterales del presbiterio aparecen dos grandes lienzos en los cuales se representan episodios de la vida de Santa Paula. son obra de Domingo Martínez realizadas hacia 1.730. Al mismo pintor pertenecen las pinturas al temple que adornan las bóvedas y que entre elementos vegetales representan angeles.

De la primera mitad del siglo XVII es el retablo de San Juan Evangelista realizado por Alonso Cano, la imagen del Santo titular se debe a Martínez Montañés.

El retablo de San Juan Bautista fue realizado en 1.637 por Felipe de Rivas. el Santo titular situado en la hornacina central es obra de Martínez Montañés.

El Convento de Santa Paula ha sido el primero en crear un Museo donde exponen al público obras de arte antes relegadas en la clausura.

El Museo se dispone en varias dependencias altas a las que se accede desde el compás interior por una escalera que aunque moderna ha sido realizada con una perfecta adecuación al espíritu histórico del edificio.

En el museo se guardan diversas obras pictóricas y escultóricas correspondientes a los siglos XVI al XVIII.

Una mención especial merece la colección de orfebrería entre las que destaca la pieza más antigua datable en el siglo XV y el relicario regalado por Mariana de Austria en 1.694.

Desde la ventana de la Sala San Isidoro puede admirarse el claustro principal del convento, obra de principios del siglo XVII.

El recorrido del Museo finaliza en el coro cubierto por una artesonado mudéjar, prolongación del de la Iglesia.

La comunidad religiosa elabora dulces, especialmente mermelada muy estimados por su cuidada elaboración que pueden adquirirse en el mismo convento.

Convento de Santa Inés


El Convento de Santa Inés fue fundado en 1.374 por la dama sevillana Doña María Coronel, viuda de D. Juan de Lerda y protagonista de una conocida leyenda.

Años antes de la fundación su marido había sido encarcelado y muerto por orden de D. Pedro I de Castilla. doña María Coronel ingresó entonces en el convento de Santa Clara, donde, para acabar definitivamente con los requerimientos amorosos del rey, arrojó sobre su rostro aceite hirviendo.

Muerto el rey le fueron restituídos sus bienes, fundando entonces el convento de Santa Inés en casas de su propiedad tras la obtención de los permisos de la orden franciscana.

La Iglesia, de estilo gótico-mudéjar, data del momento de la fundación. En el siglo XVII se llevaron a cabo diversas obras, entre las que cabe mencionar: La puerta de ingreso, barroca; las yeserías en los arranques de las bóvedas y las pinturas del coro, obra de 1.630 de Francisco de Herrera.

La Iglesia tiene tres naves cubiertas por bóvedas de nervaduras.

El retablo mayor es obra del siglo XVIII de José Fernando y Francisco José de Medinilla, sustituyó al primitivo del siglo anterior, del que se conservan la escultura de Santa Inés, obra de Francisco de Ocampo y las de San Juan Bautista, San Antonio y San Juan Evangelista de Juan de Remesal.

Entre las obras de arte que se encuentran en el interior de la Iglesia destacan: La escultura de San Blas, obra de Juan de Mesa de 1.617 y las pinturas sobre tabla representando a San Juan Bautista y San Jerónimo, obras del siglo XVI. Todo ello es un retablo de factura neoclásica, situado en la nave derecha.

A través de la reja que cierra el coro puede contemplarse la urna que contiene el cadáver momificado de Doña maría Coronel y el extraordinario órgano que Bécquer hizo famoso en su leyenda " Maese Pérez el organista ". El instrumento es obra de transición entre los siglos XVII y XVIII y está decorado con pintura florales.

La colección de piezas de orfebrería es espléndida y numerosa, destacando el Arca para el monumento del Jueves Santo, realizada en ébano y plata, regalada al Convento en 1.600

Casa de Pilatos

La Casa de Pilatos constituye uno de los ejemplos de la arquitectura doméstica sevillana del siglo XVI.

Su construcción se inicia por deseo de D. Pedro Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía, y por su mujer, Catalina de Ribera, aunque la mayor parte del edificio se erige por D. Fadrique, Primer Marqués de Tarifa, hijo de ambos, a su regreso de un viaje a Jerusalem.

La presencia de D. Fadrique en Jerusalem dió lugar a la leyenda de que el palacio sevillano era una copia del pretorio de Poncio Pilatos. También existe sin embargo la tradición de que el nombre le viene dado por haber estado junto a la puerta de esta casa la primera Casa de Pilatos estación de Viacrucis que iba hasta la Cruz del Campo. Al señalarse en esa estación que Cristo era juzgado en casa de Poncio Pilatos, los sevillanos comenzaron a llamar al edificio La Casa de Pilatos .

La portada del edificio es obra realizada en Génova por Antonio María Aprile en 1.529. Aunque claramente renacentista, está rematada por una crestería gótica al parecer traida del palacio que los Ribera tenían en Bornos.

El patio principal es renacentista, con decoración mudéjar. En el centro se levanta una fuente y en los ángulos se sitúan dos estatuas representando a la diosa Palas. Tienen gran interés los veinticuatro bustos de emperadores romanos que junto al de Carlos I y Cicerón se distribuyen por las galerías bajas del patio.

Son de destacar los artesonados del Pretorio y del Pabellón ubicado en el jardín chico, así como los zócalos y las rejas platerescas.

Al piso superior se accede por una grandiosa escalera decorada con zócalos de azulejos y cubierta con cúpula de madera, apoyada en trompas de mocárabes, obra de Cristóbal Sánchez.

En la planta alta de conserva distribuída por diversas salas una importante colección de pinturas fechables desde el siglo XVI al XIX, entre las que destacan: La Piedad de Sebastián del Piombo, de 1.539, en la Sala del Torreón; un pequeño Goya representando el arrastre del toro, en la sala contigua a la anterior; un bodegón de Giussepe Recco, en el comedor; y una tabla representando a la Magdalena, obra del siglo XVI, en la sala de antecede al archivo, en el cual se encuentran tres pinturas de Lucas Jordán, de gran calidad y belleza.

La sala que se encuentra en el ala izquierda del torreón se cubre con un techo adornado por pinturas realizadas por Fco. Pacheco en 1.604, que representan la apoteosis de Hércules.

Basílica de la Macarena

La cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Hermandad de Penitencia se fundó en 1.595, realizando su primera estación de penitencia en 1.624.

Años después se modificó la denominación de la cofradía que pasa a llamarse de la Sentencia de muerte que dieron a Cristo nuestro Redentor y Ntra. Sra. de la Esperanza y se encarga al escultor Felipe Morales Nieto el Cristo representado en el momento de recibir de Poncio Pilatos la sentencia de muerte y que en la actualidad forma parte del primer paso siendo el resto de las figuras: Pilatos sentado en ademán de lavarse las manos en una palangana que sostiene un sirviente negro; Claudia Prócula implorando clemencia, un judío leyendo la sentencia del procurados, dos soldados romanos y dos sanedritas obras de Castillo Lastrucci de 1.929; un tercer soldado romano es obra de Álvarez Duarte de 1.978. Basílica de la Macarena

Es desde luego la Virgen de la Esperanza, conocida popularmente como Macarena, la que da fama a la cofradía.

Es una obra anónima datada a finales del XVII o principios del XVIII que se ha atribuído a Pedro Roldán, a su hija la Roldana y a Hita del Castillo.

La imagen no tiene expresión dramática ni dolorosa a pesar de las cinco lágrimas dispuestas en las mejillas.

Hasta la construcción del templo actual la cofradía tuvo su sede en la Parroquia de San Gil, salvándose la imagen de la Virgen del incendio provocado en 1.936 gracias a que ésta había sido llevada a casa de un hermano, donde permaneció durante la Guerra Civil.

El 31 de mayo de 1.964, la Macarena fue coronada canónicamente por el Cardenal Bueno Monreal en la Catedral de Sevilla.

En 1.966 fue concedido al templo de la Macarena el privilegio de ser declarado basílica.

La Hermandad de la Macarena sale en procesión en la madrugada del Viernes Santo, siendo escoltado el paso de Cristo por una centuria de soldados romanos con traje de terciopelo rojo, carcaza y yelmo conocidos popularmente como los "armaos".

Ayuntamiento de Sevilla

Desde la Reconquista de Sevilla por el rey San Fernando, el Cabildo Municipal, formado por los Caballeros Veinticuatro y por los Jurados, se reunía en el Corral de los Olmos que estaba al pie de la Giralda, bajo la hornacina de la Virgen de los Olmos en la Plaza de la Virgen de los Reyes. Pero al enriquecerse Sevilla en el siglo XVI, ya no era decoroso un tan pobre Corral para una tan rica ciudad, por lo que se determinó construir un gran Palacio Consistorial, eligiéndose el lugar de la Plaza de San Francisco. En 1527 inició las obras el arquitecto Diego de Riaño, a quien se deben los planos. El estilo es renacentista y puede considerarse el Ayuntamiento de Sevilla como uno de los más extraordinarios monumentos de España en su estilo, aunque aún no está terminado de labrar su exhorno exterior.

La fachada a la Plaza de San Francisco nos presenta puertas y ventanales adornados con medallones de personajes mitológicos e históricos. Las pilastras se decoran con ramos florales y grotescos.

Ayuntamiento

A este lado del edificio está el (Arquillo( que comunica la Plaza de San Francisco con la Plaza Nueva. A los dos lados del arquillo, a media altura, se ven dos hornacinas con estatuas, la una de Hércules, (navegante fenicio y luego considerado dios mitológico) a quien se atribuye la fundación de la ciudad de Sevilla y la otra estatua es la de Julio César, que restauró y amuralló la ciudad. Ambos figuran en este lugar de honor al ser considerados como los Padres de la Patria Hispalense. La fachada del Ayuntamiento que da a la Plaza Nueva es moderna, y de escaso interés arquitectónico.

En el interior del edificio es notable la Sala Capitular, cuyo techo está formado por una bóveda casi plana con 35 casetones de piedra que llevan en relieve los retratos de los reyes de España anteriores a Felipe II. Es también notable la escalera que desde el apeadero sube a la planta alta, de estilo mixto gótico y renacentista.

El edificio es rico en cuadros antiguos, de grandes maestros, así como escultura, vidrieras y otros tesoros artísticos.

martes, 11 de noviembre de 2008

La Catedral de Sevilla


La Catedral de Sevilla es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura española. Por su monumentalidad es la mayor catedral del país y además uno de los primeros edificios de todo el mundo cristiano, ocupando una superficie superior a las 2 Has. En 1928 fue declarado Monumento Nacional y en 1987 fue catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de un edificio polivalente, cuya valoración puede hacerse desde diversos puntos de vista, todos ellos en grado superlativo. Es, ante todo, la casa de Dios; un templo gigantesco producto de los delirios de grandeza de un Cabildo. Es asimismo un Museo de primer orden, que cuenta, entre otras piezas estelares, con el mayor retablo de la Cristiandad. También posee importantísimos archivos y bibliotecas. Es el resultado del generoso esfuerzo de generaciones seculares, tanto en el aspecto religioso, económico, artístico y cultural de un pueblo. Haga clic para ver galería de fotos Se inició su construcción en 1401, en un momento crítico para la ciudad, cuando la población sufría continuas epidemias de peste. El edificio ocupa prácticamente el mismo espacio que la mezquita almohade del siglo XII sobre cuyo solar se emplaza, aunque girando 90º. La catedral tiene planta de salón con cinco naves y capillas entre los contrafuertes. Sin contar la Capilla Real, mide 116 metros de largo por 76 de ancho. Al exterior, la nave central tiene bóvedas trasdosadas, con acentuado peralte para evacuar el agua de la lluvia. La catedral tiene una significada importancia como panteón. Dentro de sus capillas se encuentran los reyes Fernando III, Beatriz de Suabia, Alfonso X y Pedro I y personajes ilustres como el cardenal Cervantes y Cristóbal Colón y su hijo Hernando. Entre sus capillas destacan la Capilla Real, la Capilla Mayor y la Capilla de la Virgen de la Antigua. La Capilla Real fue proyectada e iniciada por Martín de Gainza en 1541 y culminada por Jerónimo Roldán en 1770. La Capilla Mayor se construyó en 1504, sobre un diseño de Alonso Rodríguez, finalizando en 1529 con la instalación de la reja del frente principal, obra de fray Francisco de Salamanca. Por último, la Capilla de la Virgen de la Antigua, situada en el lugar que ocupaba el mihrab de la primitiva mezquita, se terminó de construir en 1504 por Alonso Rodríguez. En el exterior destacan las portadas que coronan cada uno de los accesos de este monumental edificio. La más antigua es la Puerta del Perdón, situada al norte y que era el acceso principal de la antigua mezquita (todavía conserva sus batientes con madera de cedro, forrados con láminas de bronce en los que, con letras cúficas, figuran los lemas El poder pertenece a Alá y La eternidad es de Alá. De todos modos, el elemento de la catedral más representativo de la ciudad es la Giralda. Los orígenes de esta torre se hallan en el alminar de la mezquita, la cual fue mandada construir por el emir al-Mumin Abu Yacub en 1184. El esquema del alminar derivaba del de la mezquita de Córdoba. Estaba formado por dos paralepípedos superpuestos coronados con una cúpula y un espigón metálico. Bajo la dirección del arquitecto Hernán Ruiz se llevó a cabo la renovación de la torre desde 1558 a 1568, fue entonces cuando se le añadieron entre otros elementos el Cuerpo de Campanas y la famosa veleta "giralda", de donde toma el nombre la torre.

martes, 4 de noviembre de 2008

El Archivo de Indias


El Archivo General de Indias se creó en 1785 por deseo del rey Carlos III, con el objetivo de centralizar en un único lugar la documentación referente a las colonias españolas hasta entonces dispersa en diversos archivos: Simancas, Cádiz y Sevilla. El responsable del proyecto fue José de Gálvez y Gallardo, secretario de Indias, encargándose el académico e historiador Juan Bautista Muñoz, cosmógrafo mayor de Indias, de su ejecución.

La Casa Lonja de Mercaderes de Sevilla, construida en época de Felipe II entre 1584 y 1598, por Juan de Mijares, sobre planos de Juan de Herrera, fue elegida como sede del archivo, tarea que desempeña hasta el día de hoy.

Dos razones fundamentales enmarcan la fundación del Archivo General de Indias. Por una parte la falta de espacio en el Archivo General de Simancas, archivo central de la Corona española. Por otro, en línea con el espíritu de la Ilustración, el deseo de escribir una historia de la conquista y colonización española que diera respuesta a los escritos extranjeros que habían tratado el tema.

En octubre de 1785 empiezan a llegar al Archivo los primeros documentos. Desde entonces y en distintas remesas se van incorporando los fondos de las principales instituciones relacionadas con las Indias hasta convertir al archivo en el principal depósito documental para el estudio de la administración española en el Nuevo Mundo y las Filipinas. En el momento de constituir el archivo, se toma el año 1760 como fecha divisoria entre lo administrativo y lo histórico, de forma que los documentos anteriores a esa fecha habían de ser remitidos al Archivo de Indias, quedando la documentación posterior a dicha fecha al servicio de los organismos que habían producido los documentos.
Los documentos que hoy conserva el archivo ocupan más de nueve kilómetros lineales de estantería. Se trata de unos 43.000 legajos con unos 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos que proceden, fundamentalmente, de los organismos metropolitanos encargados de la administración de las colonias.

El Archivo General de Indias se creó en 1785 por deseo del rey Carlos III, con el objetivo de centralizar en un único lugar la documentación referente a las colonias españolas hasta entonces dispersa en diversos archivos: Simancas, Cádiz y Sevilla. El responsable del proyecto fue José de Gálvez y Gallardo, secretario de Indias, encargándose el académico e historiador Juan Bautista Muñoz, cosmógrafo mayor de Indias, de su ejecución.

La Casa Lonja de Mercaderes de Sevilla, construida en época de Felipe II entre 1584 y 1598, por Juan de Mijares, sobre planos de Juan de Herrera, fue elegida como sede del archivo, tarea que desempeña hasta el día de hoy.

Dos razones fundamentales enmarcan la fundación del Archivo General de Indias. Por una parte la falta de espacio en el Archivo General de Simancas, archivo central de la Corona española. Por otro, en línea con el espíritu de la Ilustración, el deseo de escribir una historia de la conquista y colonización española que diera respuesta a los escritos extranjeros que habían tratado el tema.

En octubre de 1785 empiezan a llegar al Archivo los primeros documentos. Desde entonces y en distintas remesas se van incorporando los fondos de las principales instituciones relacionadas con las Indias hasta convertir al archivo en el principal depósito documental para el estudio de la administración española en el Nuevo Mundo y las Filipinas. En el momento de constituir el archivo, se toma el año 1760 como fecha divisoria entre lo administrativo y lo histórico, de forma que los documentos anteriores a esa fecha habían de ser remitidos al Archivo de Indias, quedando la documentación posterior a dicha fecha al servicio de los organismos que habían producido los documentos.
Los documentos que hoy conserva el archivo ocupan más de nueve kilómetros lineales de estantería. Se trata de unos 43.000 legajos con unos 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos que proceden, fundamentalmente, de los organismos metropolitanos encargados de la administración de las colonias.